Teorema de incompletitud de Gödel


Kurt F. Gödel, en «Sobre las proposiciones formalmente indecidibles de los Principia Mathematica y sistemas afines» [paráfrasis]:

«Existen argumentos lógicos imposibles de ser deducidos verdaderos o falsos; entre ellos, la coherencia de dichos razonamientos.»

La existencia verdadera o falsa de algo (por ejemplo, las piedras; al contrario, las hadas), no implica que la misma sea demostrable así, ni que deba o no tenerse fe en cualquiera de estas posibilidades.

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La creatividad surge de hallar –pensando diferente del resto– ideas absurdas, para así nuevamente pensarlas y darles coherencia.

Ahí la importancia de la Lógica: porque sólo con ella es posible tanto hallar los absurdos como obtener la coherencia.

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viernes, 14 de agosto de 2015

EL ORIGEN DE LAS CRISIS ECONÓMICAS MODERNAS: A 44 AÑOS DE HABER ABANDONADO EL PATRÓN ORO EN EL MUNDO

 Lingotes y monedas de plata. Fuente de la imagen: Hunden


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El 15 de agosto de 1971 anuncia el presidente de los Estados Unidos, R. Nixon, la suspensión temporal en la entrega de oro de la reserva a cambio de dólares. A 44 años de aquella declaración, la suspensión ha adquirido de manera forzada un carácter permanente.

Antes de esa fecha existía una equivalencia fija entre el dólar estadounidense y el oro, lo cual se conoce como patrón oro. No importando cuál fuera dicha equivalencia (35.00 dólares por onza de oro desde 1944), era una que definía al dólar como divisa confiable para el intercambio comercial, porque su valor no fluctuaría siendo equivalente con el metal, cuyo valor (no precio) ha sido fijo a través de la historia –el oro permite comprar casi la misma cantidad de productos que era posible comprar en el pasado–.

Con ello el comercio internacional habría de consistir en:


  1. La compra de productos extranjeros (importación) en cantidades casi equivalentes a la venta de productos nacionales hacia otros países (exportación).

    De aquí en adelante sólo se mencionará con la palabra productos a los bienes y servicios.

  2. En el caso de que no fueran casi equivalentes las cantidades de importación y exportación con un país determinado, sería compensada la diferencia entre ambas con el pago en dólares (mediante restricciones arancelarias y demanda en el finiquito de deudas, principalmente).


Dicho pago sería equivalente a un valor fijo en oro, por lo cual los intercambios comerciales adquirirían certidumbre. De no existir la equivalencia con el oro, el dólar hubiera tenido un valor fluctuante que implicaría incertidumbre respecto a los intercambios comerciales llevados a cabo y aquellos por efectuar.

La equivalencia entre el dólar y el oro se determinó en los Acuerdos de Bretton Woods, cuando se estableció el llamado Nuevo Orden Económico Internacional, políticas con las cuales se estimularían los intercambios comerciales entre naciones, generando desarrollo económico e industrial alrededor del mundo. Esto porque, según como ha sido descrito el comercio internacional, los países pobres tendrían que ofrecer recursos naturales a los países industrializados para adquirir tecnología en cantidades equivalentes, observándose una distribución homogénea del progreso técnico, siempre y cuando lo permitieran los políticos de cada país (y así teóricamente mientras lo permitieran los ciudadanos de los países democráticos).

El dólar sirvió de referencia porque Estados Unidos adquirió en la década de los 40 casi el 80% del oro del mundo, en gran parte por la venta de armas hacia Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Así, teniendo Estados Unidos una influencia preponderante en el mundo por la posesión de oro y por no estar plenamente involucrados (al menos no territorialmente en comparación con los países europeos) en la Segunda Guerra, se admitieron las circunstancias de estabilidad política del país (ausencia de conflictos internos relevantes), consiguiendo admitirlas también para el dólar en el ámbito económico.

Sin embargo, años más tarde el conflicto armado contra Vietnam, y en general contra la Unión Soviética, llevaría a los Estados Unidos a intercambiar el oro adquirido (resguardado en la reserva) por armas y cualesquiera productos militares. La situación se mantuvo a tal grado que dejó de ser posible hacer equivalente al dólar con el oro: algunos países europeos (Francia, principalmente) comenzaron a solicitar el oro correspondiente a los dólares que tuvieran en su poder, siendo el gobierno de los Estados Unidos incapaz de cubrir esa demanda, demostrándose que la equivalencia entre el dólar y el oro ya no sería viable con el valor establecido en 1944.

La medida razonable para hacer frente a los hechos hubiera sido establecer una nueva equivalencia entre el oro y el dólar, donde se requiriera una mayor cantidad de dinero en papel para el intercambio del metal. Esto hubiera implicado la devaluación del dólar frente al oro: mientras más lejos se encontrara el dólar respecto al oro en valor, sería cada vez más difícil adquirir oro con el dinero en papel, indicando que el dólar no valiera tanto como se pretendía anteriormente.

No obstante, ello no ocurrió. Para evadir las circunstancias R. Nixon opta por retirar la garantía de intercambio entre dólares y oro (la suspensión de entrega del metal) y así no disminuir la cantidad en la reserva, pudiendo continuar la adquisición de productos militares destinados a los conflictos armados, además de situar al oro solamente como un producto más en intercambios comerciales y no como el medio para los mismos (sería una mercancía, y no una forma de divisa internacional como antes se considerase).

Esto tiene por consecuencia que el oro adquiriera un precio, mismo que ascendería mientras hubiera una mayor demanda del metal, dado que muchas personas deseando el oro orillarían a que el vendedor pretendiera incrementar el precio para así obtener mayores ganancias. (Cabe notar que este razonamiento es igualmente válido con otros productos.)

La ruptura entre el oro y el dólar tendría otro efecto: podrían imprimirse en Estados Unidos de manera arbitraria más dólares para sus intercambios comerciales (de importación). Con ello podrían pagar los estadounidenses productos requeridos en los conflictos armados, dada la confianza que el dólar gozaba aún entre los países.

Y con una mayor presencia, dígase cada vez más exagerada, de dólares en el mundo, se efectuaron mayores intercambios comerciales fuera de los Estados Unidos, es decir, se incrementó la demanda de todos los productos. Como fue mencionado, ello significa también un incremento en los precios de los mismos, incluyendo al oro. Esto frenaría posteriormente el número de intercambios comerciales. Con ello, para continuar estimulando el intercambio de mercancías el gobierno estadounidense imprimiría más dólares con el sucesivo incremento en los precios, todo esto de manera indefinida.

En la actualidad esta situación perpetuada ha tenido consecuencias destructivas a nivel social, que en conjunto son llamadas crisis. Éstas son:


  1. La continua devaluación del dólar frente a los productos de intercambio comercial.

    Porque al incrementarse indefinidamente los precios, debido a la constante impresión de dólares, resulta cada vez más difícil que una cantidad de dicha divisa al día de hoy permita comprar productos diversos en el futuro.

    Así, los ahorros en dólares (y en el resto de divisas que aún dependen comercialmente del dólar y no del oro) ya no implican la preservación del valor que inicialmente tuvieron, careciéndose de certeza en la satisfacción de cualesquiera necesidades con el paso del tiempo.

  2. Desigualdad

    Porque ya no es posible pensar que las diferencias entre importaciones y exportaciones puedan compensarse con el intercambio de dólares, siendo que la divisa se devalúa de manera continua y no permite asegurar que en verdad exista en el futuro la compensación buscada.

    Ello involucra que sea posible un número exagerado de importaciones hacia un país respecto al de exportaciones (el caso más notable está dado por los países de Occidente con Asia), más una introducción considerable de dólares que posteriormente y por la devaluación de la divisa no permiten satisfacer por igual las necesidades de todos los individuos del país importador.

  3. Desempleo

    Las exportaciones siendo menores que las importaciones también significan una baja presencia en el país importador de empresas nacionales ofreciendo productos a sus compatriotas, y siendo aquéllas las mayores generadoras de empleos se presenta una menor cantidad de éstos, acentuando más la desigualdad: no todos los individuos tendrán la posibilidad de adquirir un pago por el trabajo que pueden realizar, para satisfacer sus necesidades.


Todo lo anterior puede resumirse en la siguiente reflexión: el valor del dólar sin equivalencia con el oro está dado por la confianza en un pago que ya no está respaldado por el metal. Dicho pago prometido es en realidad deuda que las personas tienen con los bancos y que el gobierno de los Estados Unidos constantemente absorbe para sustentar la emisión de dólares: el gobierno intercambia la divisa (que certifica la deuda absorbida) por productos. (De ahí que las divisas basadas en papel sean llamadas dinero fiduciario.) Y las personas en todo el mundo siguen intercambiando productos y reciben a cambio dólares (y monedas equivalentes en papel, es decir, cualquier tipo de divisa) que son la “garantía” de un pago a futuro.

Una cuestión crucial es ¿quién de manera ordinaria está en el deseo de pagar una deuda, sobre todo si ésta se encuentra documentada de manera anónima? (Porque ninguna divisa declara el nombre de las personas que habrían de pagar el valor correspondiente al gobierno de los Estados Unidos, que tendría a su vez que devolver dicho pago a los poseedores de dólares) Tal grado de desconfianza ante la posesión de una deuda cuyo pago muy posiblemente nunca será efectuado es lo que subyace en los fenómenos de crisis.

Mientras más dólares haya circulando por el mundo, significa que existe una cantidad cada vez mayor de deuda, que de no ser pagada nunca, habrá sido en realidad una mentira con la cual se habrán llevado a cabo negocios que al final sólo serán ficción, o se habrá intentado preservar el valor del trabajo en forma de ahorros que se desvanecerán, y todo el valor que se habrá creído tenía el mundo conocido en realidad no lo tendrá nunca más.

En tiempos donde dicha mentira aún no ha sido admitida en su totalidad por los ciudadanos del mundo valdría la pena asegurarse de que el dinero en forma divisas de cualquier tipo sea convertido en productos que no pierdan su valor en el futuro, que hoy en día tiene perspectivas no menos que catastróficas. Más aún, se recomienda comprar productos que impliquen empleo, y mayor riqueza a los trabajadores. Objetos que no pierden valor con el tiempo son los siguientes:


  1. Oro y plata.

    Ningún otro metal tiene el prestigio del oro o de la plata en cuanto a su valor, respaldado por milenios de historia comercial y también por las necesidades industriales que hoy representan.

    Asimismo, ningún otro objeto posee la característica que permite al oro y a la plata ser dinero en un sentido verdadero (y no de deuda intercambiada): ninguno de los dos puede tener un precio de mayoreo y otro de menudeo, lo cual es signo de que en verdad conservan el valor del trabajo cuando son adquiridos.

  2. Terrenos.

    Porque el espacio, en términos prácticos, no aparece ni desaparece con el paso del tiempo, además de contener siempre recursos naturales o artificiales (como las construcciones y lo que hay en ellas).

  3. Conocimientos.

    Porque las ideas no pierden validez cuando constituyen un saber verdadero acerca del Universo. Cualesquiera leyes de la Naturaleza (en Física, Química, Matemática, etc.) siguen siendo tan válidas como lo fueron hace miles de millones de años.

Por si solos los metales preciosos, los terrenos y los conocimientos no implican mayor riqueza a las personas: sólo conservan el valor del trabajo a través del tiempo –en particular los conocimientos almacenan el valor de generaciones centenarias de investigadores estudiando a la Naturaleza–. No obstante, estos objetos en conjunto permiten construir fábricas, bibliotecas, hospitales, escuelas, etc., todos ellos establecimientos donde el trabajo de los individuos permite la generación de riqueza y el acceso a condiciones de igualdad tanto por los empleos que conllevan como, y lo que es más importante, por la realización personal que las personas tienen al aprovechar sus talentos, con una vida plena, y la garantía de tener satisfechas las necesidades igualmente en el presente que en el futuro.

14 de Agosto de 2015